¿Funcionan las medidas de Carmena para bajar la contaminación producida por los coches?

Es innegable, y si vives en Madrid lo tendrás comprobado, que la contaminación alcanza límites insalubres cuando las condiciones climáticas favorecen el estancamiento del aire de la capital. Partidarios y detractores de la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena se han lanzado a ensalzar o criticar sus medidas.

Hechos objetivos sobre la contaminación del tráfico

Si los estudios confirman que el 30% de la contaminación mundial proviene del tráfico, imagínate que porcentaje puede asociarse a los vehículos en una ciudad concreta.

La emisión de los vehículos a motor contiene óxido nitroso, monóxido de carbono, dióxido de carbono, dióxido de azufre y sulfuro de hidrógeno. Cualquiera de estos contaminantes puede acumularse en valores de grave afección para la salud. La revisión de tubos de escape también podría ayudar a rebajar considerablemente estas emisiones.

Determinadas situaciones climáticas de las ciudades, estudiadas en áreas específicas amparadas en la terminología: clima urbano, determinan que los ambientes secos y con menos incidencia del viento (algo que tendrás comprobado ocurre cada vez más en grandes ciudades) disparan la contaminación.

Medidas anticontaminación de Manuela Carmena y efectividad de las mismas

Con estos antecedentes, la alcaldesa de Madrid, Manuel Carmena, ha tomado cartas en el asunto y ha llevado a cabo diversas medidas puntuales y generales para tratar de paliar los nocivos efectos de la contaminación de tráfico en la ciudad de Madrid. Lo que tú conoces con el término genérico de polución.

La medida reciente más contestada se puso en marcha en diciembre del año pasado. Nunca antes se había limitado en Madrid la circulación por numeración de matrículas, aunque en muchas otras ciudades europeas y americanas este recurso es bastante usado.

Toda nueva pauta legal de gran impacto nace con mucho ruido. La prensa analiza la procedencia de las medidas (ya sabrás que en muchas ocasiones con más tendenciosidad que objetividad) y los ciudadanos buscan vías para replantearse su movilidad.

Pero además de esta medida restrictiva por matrículas, si has estado por Madrid recientemente, habrás podido comprobar como la almendra central de la urbe se ha visto afectada por otras medidas que buscan una mejora de la calidad del aire en el centro neurálgico de la ciudad.

El consistorio comenzó emplazando a los ciudadanos a dejar sus coches en casa, pero ha terminado por restringir el tráfico en arterias principales, a rebajar velocidades máximas permitidas y a establecer un protocolo oficial para episodios de alta contaminación.

El protocolo divide Madrid en cinco zonas y para cada zona fija las medidas y restricciones a adoptar según las medidas de microgramos por m3 de partículas nocivas. Según los valores alcancen unas cifras u otras y se mantengan en el tiempo se contemplan diferentes escenarios con prohibiciones de aparcamiento, reducciones de velocidad e incluso promoción del transporte público.

Todas estas consideraciones, llevadas a la práctica, suponen una extorsión a la ciudadanía, pero aseguran un mínimo de calidad en el aire. Tendencias políticas a parte, sería interesante establecer el baremo de la salud como la principal referencia. Y, por supuesto, la concienciación de todos, pues con un parque de vehículos bien mantenidos, o incluso híbridos o eléctricos, el problema podría desaparecer un buen día.

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